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Alimentación en tiempos de crisis

crisis-en-espac3b1a¿Cómo ha afectado la crisis a lo que comemos hoy en día? ¿Hemos recortado mucho en nuestra alimentación? La respuesta es sí, hemos “recortado” en nuestra alimentación y la afectación ha sido notable.

 

El factor principal que explica los cambios que hemos sufrido es la cantdiad de dinero que destinamos a la cesta de la compra, que se ha reducido bastante.

 

El descenso medio se ha situado en unos 120 euros menos al año por familia, aunque la situación varía mucho de unas comunidades autónomas a otras. Donde menos se gasta es en Canarias y en Extremadura, comunidades que además han sufrido bastante este descenso.

 

Más allá de lo que pueda suponer gastar menos dinero en alimentación, lo preocupante es llegar a esa situación. Cuando hay una caída del gasto en alimentación es una señal de alerta, no es ocio, no es cultura, no es ropa… es siempre una de las últimas partidas en la que se recorta pero la mitad de los hogares españoles dice hacer esfuerzos en la compra para ahorrar.

 

Pero también ha afectado a los hábitos: comemos más en casa y menos fuera, consecuencia casi directa del desempleo y compramos sobre todo en supermercados, pero curiosamente para los alimentos frescos, preferimos mayoritariamente las tiendas tradicionales.

 

Con esta temática hicimos hace unos días un debate en El Salón de TG7, en el que intercambiamos los siguientes pareceres:

 

 

 

¿Qué cosas han cambiado en los alimentos que consumimos?

 

Pues hay cosas buenas y cosas malas. Se consumen más los productos frescos (frutas, verduras, carnes, pescados, huevos y leche) que se han ido incrementando desde 2008, pero que todavía siguen siendo menos de la mitad del consumo total de alimentos. Se consumen más legumbres también, por ser baratas y completas.

 

Sin embargo, Entre los pocos productos en que las familias han incrementado el gasto en estos tres años, son las bebidas, un poquito la carne (porque ha habido un movimiento de pescado a carne) y figuran también el azúcar y otros dulces.

 

Las marcas blancas se han hecho más importantes y ya abarcan el 40% de las ventas en supermercados.

 

¿Nos lleva la crisis a comer peor?

 

La respuesta rápida es sí; en cantidad, sin duda. Teniendo en cuenta el número de personas que pueden comer es objetivamente cierto. En el 2007, había de beneficiarios 700k personas porbancos de alimentos, 5 años más tarde, más del doble (1,5M de personas).

 

En calidad depende: luces y sombras. Ya que al tener que priorizar a veces se optimiza en el hogar, además de que personas en el paro se han “liberado” para la economía doméstica. Cuando a nivel poblacional hay modificaciones en el gasto alimentario, hay repercusión en términos de salud. Algunos son positivos, como el aumento de las legumbres; o el caso de la reducción de las comidas fuera de casa.

 

Sin embargo, en términos generales, como tendencia de fondo, la crisis favorece la compra de productos menos nutritivos, altamente procesados y ricos en calorías, lo que contribuye a fomentar una alimentación poco saludable. Y esto conviene, y mucho a la industria alimentaria: Los alimentos ultraprocesados duran mucho y están buenos, además de estar hechos con materias primas muy baratas. Es comprensible que haya habido este incremento en su demanda.

 

El recorte en la cesta de la compra se acompaña de hábitos poco saludables que favorecen la obesidad. En general, todo esto contribuye a la vulneración del derecho a una alimentación sana, es decir, una situación de inseguridad alimentaria.

 

¿No es contradictorio que al estar en crisis se favorezca la obesidad?

 

Esa es precisamente la paradoja de la doble morbi-mortalidad de la obesidad en los países en vías de desarrollo. No es raro encontrar la desnutrición y la obesidad coexistiendo en un mismo país, una misma comunidad y un mismo hogar. Una bolsa de 12 cruasanes te cuesta 1€, 3 napolitanas 1,20€, y 300 galletas 2€.

 

A pesar de lo que dice Cristina Kirchner, el consumo de Coca-Cola no se debe a un mayor nivel económico. Argentina encabeza el dudoso honor de consumir más refrescos en el mundo (130 litros por persona al año), habiéndoselo arrebatado a México.

 

 

Se puede estar malnutrido y Obeso. Existen subnutrición (insuficiente ingesta general y energética crónica), malnutrición (desequilibrio en la dieta) y desnutrición (déficit energético y nutricional).

 

Hay niños desnutridos. Al mismo tiempo, están expuestos a alimentos hipercalóricos ricos en grasa, azúcar y sal y pobres en micronutrientes, que suelen ser poco costosos. Los malos hábitos alimentarios conviven con el sedentarismo, produciendo un incremento brusco en el sobrepeso infantil. Al mismo tiempo los problemas de malnutrición están patentes.

 
Los niños también sufren las consecuencias de la inseguridad alimentaria generada por la crisis. UNICEF estima que 2,2 millones de menores en España viven en la pobreza, lo que supone malnutrición. Casi un 5% de la población española no puede afrontar la alimentación de su día a día, y esta es sin duda el reclamo de ayuda más solicitado.

Se ha detectado una tendencia al empeoramiento de la calidad dietética y un aumento de los alumnos que llevan a la escuela un tupper al no poder pagar sus familias el coste del menú escolar.

 

¿Comen peor los niños que llevan tupper que los del comedor?

 

No debería ser así, incluso podría ser una manera de comer aún más sano, ya que los comedores escolares no es que sean ideales en muchas comunidades.

 

Lo que importa es qué se echa en el tupper, y se da el caso de familias que no pueden pagar el comedor, y simplemente echan la fiambrera por el simple hecho de no tener que afrontar la vergüenza de no poder afrontar el pago del comedor.

 

Es curioso como es al final la familia la que tiene que cargar con la culpa, con la vergüenza, con la indignidad.

 

El fracaso de nuestra sociedad

 

Lo denomino así: “El fracaso de la humanidad” Sigo pensando a día de hoy que el hambre es nuestro mayor fracaso. Es una derrota como especie “dominante” de este planeta. Tan especista en unas cosas y tan poco empática con otras. Nos enorgullecemos de nuestro impacto y prácticas incoherentes, todas ellas justificadas porque somos los mejores, pero no somos incapaces de actuar de una manera organizada ante la desnutrición de nuestros iguales.

 

Esta situación no solo es patética desde el punto de vista humano. Dejar que se muera gente por una mala distribución de nuestro recursos es vil, es cruel, es fiel reflejo de nuestro fracaso como sociedad.

 

Ya no solo llega a la incompetencia de no verlo desde un punto de vista global. No hablamos ya solo de la crueldad de que nos la sople el Sur del planeta. Hablo de ignorar a los hambrientos y pobres de nuestro lado, con los que nos cruzamos en los bares, cajeros, bancos y parques de nuestras ciudades.

 

Y es que me pregunto cada día que cuánto cuesta un plato de lentejas y un techo para dormir.¿De verdad no puede un ayuntamiento habilitar una zona digna y garantizar un plato de comida y una litera para cada persona que vive en la calle? ¿No hay dinero para eso o no hay voluntad?

 

No puedo comprender como no se quiere destinar una infinitésima parte de lo que requiere cualquier gasto municipal a que la gente viva dignamente. Lo siento, es incomprensible, que se pare el mundo, yo me bajo aquí.

 

 Fuente: midietacojea.com